cuando tu hogar está en todas partes

En los ojos tienes
margaritas muertas que nadie quiere ver.
Los girasoles cuando tú pasas cerca
al sol sus brazos cierran.
Todo el peso ha regresado a tu cuerpo
y tus pies anclados quedan al suelo.
Ya no flotas,
ya no bailas, a tu boca
le cuesta mantener el equilibrio
y el color en su sitio.
Cuentas una, dos, tres baldosas
pero al llegar a la séptima te cansas.
Es duro volver a casa
cuando el calor sólo lo encuentras
bajo la luz de una farola cualquiera.
Es duro cuando casa no implica hogar.

la culpa de todo la tiene Alemania

si quieres cada semana
comenzamos una nueva guerra
mientras tú lanzas ofensivas contra mi cabeza
yo me atrinchero en el silencio de mis manos
al caer la noche si quieres
firmamos un armisticio que establezca 
la retirada de las tropas
y el derecho de auxilio

¿lo nuestro es frío o es calor? 
yo puedo ser la urs
(recuerda, amor: yo puedo ser todo lo que me pidas y no quieras)
y empezar a llamarte /iu-es-ei/

no tengo más armas que el silencio
y una bomba de hidrógeno
no tienes más escudo que un brillante discurso
y una bomba atómica
no tengo miedo:
como me mates te mueres
como me muera te mato

Mira ves cómo vuela parece que no le hace daño parece fácil no te preocupes cuando se pierdan las palabras nadie se acordará de tu voz escucha cuando tu cuerpo se esconda estate tranquila porque nadie encontrará la sangre no estás sola no eres la única confía dame tu mano respira cierra los ojos oyes eso son sus risas ahora escúchalas parece que nada les duele confía en mí toma mi mano aquí hay miles y todas están apretadas frías y huecas aquí no hay espacio y todas tiritan de sueño aquí eres un número un sustantivo y si nos cogemos las manos te prometo que allí serás viento.

ipsofobia

Una lengua de agua me estremece y me seca.
Observo mi vientre
hinchado de cicatrices
mientras la lengua sigue escupiendo.
Pienso en este poema
mientras mis piernas crecen
y laten esperando el vómito
blanco, espeso.
Una voz de mujer me dice:
no hay tiempo,
sólo hay sangre;


y entonces yo escupo, vomito y sangro.

acuerdo de no beligerancia

Sé que me castigas con silencio porque sabes
que duele más la ausencia que el exceso.
Firmaré la tregua
aceptaré sin levantar la cabeza
toda indemnización que me impongas.
Mis aguas dirigiré de nuevo
hacia tu cauce
para ser de nuevo
aguas de un mismo río.
No perdones mi arrogancia
no perdones el descaro
de mi desobediencia
pues no me arrepiento de haber alzado el puño
ni de haber entonado fuertes canciones de protesta.
Disfruta ahora del desplante
del dulzor amargo del rechazo.
Disfruta ahora que puedes
de verme derrotada y sin maquillaje.
Pero no olvides lo siguiente:
pueblo que una vez se rebela
no duda en hacerlo una segunda.
Tengo dos hermanos dos hermanos no-natos convertidos en cristal y llanto 
alargo la mano para alcanzar otra mano que aunque no está sé que vendrá 
mientras tanto acaricio a un gato negro y blanco 
no tengo lágrimas porque él se las come 
deseo gritar pero no puedo 
las paredes de mi cuarto son sordas e inestables 
quietas y ciegas se alzan ante mí y si quiebro el exigido y granítico silencio se abalanzarán sobre mí 
abro mi boca y entran pelusas como si fueran aviones para desahuciar el grito 
de ella sale sangre seca 
yo me estoy ahogando y nadie puede verlo porque nadie es ciego y sordo 
soy el corcho sobre el que una niña clava y clava y clava sus rosados punzones 
está marcando en mi pecho una mariposa con la forma que las nubes recortan en el cielo 
la lengua late sabe a óxido siento que va a reventar 
por eso la retengo entre la imperfecta muralla cálcica que me han construido y que un día derribaré con nitroglicerina 
no puedo llorar 
el gato que tengo a mi lado duerme y mordisquea mis lágrimas 
con los párpados aún unidos y con las pestañas calvas descanso 
y dejo que la niña siga conmigo jugando.
Había olvidado que se lee poesía para encontrarse.
Yo me encuentro en la tripa, me encuentro en los ojos, en las manos de aquél que sólo siente su reflejo.
Alejandra, yo también tengo muchos amores pero el más hermoso es el que dedico a los espejos.

volaré y volaré y tu conciencia derribaré

Tantos años años cargando 
hombro con hombro
y todavía sigo sin saber si tu silencio 
arropa o me entrega desnuda a la arena.
No sé si eres amigo o enemigo, compañero.
Yo grito y tú vuelves ciegos los oídos.
Tal vez es que piensas que sin lengua
mi dolor será menos intenso.
Lo que no entiendes es que tu lengua
puede ser mi espada.

Llegará el día en que no me queden uñas
ni saliva y mi cuerpo se abandone
en algún rincón de esta plaza.
Tal vez entonces
cuando llegue ese día y a mi cuerpo
lo cubran los gusanos y la mierda
y la sangre y las flemas (que serán dulces)
tal vez a ti
comiencen a nacerte las palabras.

ojalá fuerais gatos

Irme se me hace más fácil si pienso que me vas a necesitar tanto como yo lo he estado haciendo.


Evito escribir cuando lloro porque creo que de mí no puede salir nada bonito, nada que merezca valor. Escribir esto es reconocer que he perdido, escribir es reconocer mi propio fracaso. Escribir es recordar lo que evito. Mi gato duerme, da vueltas, y a mí se me hincha la tráquea. Que nadie me oiga, por favor. Si nadie me escucha, que tampoco nadie me oiga. Pensar que un gato puede quererme tal como soy es igual de necio y estúpido que pensar que, de irme, alguien me echaría en falta. Mi gato estira sus patitas, sueña, y a mí se me hincha el corazón. Científica y racionalmente: mi gato no me quiere. Sin embargo, es el único que me hace sentir que valgo para algo, es el único que me hace ver su necesidad de mí. Aunque sólo sea para acariciarle su cabecita y darle crema de malta... Ojalá todas las personas que me rodean fueran como mi gato. O como mi otro gato. O como el negro. O como el gris. O como mi gata. Ojalá las personas que me rodean fueran gatos.

(Evito escribir porque leerme es un recordatorio de lo triste y fea que soy)